sábado, 16 de enero de 2016

A la mujer térmica



La peor caricatura de sí misma. Los senos de magnolia y la nariz de zanahoria me dan exactamente lo mismo. Incluso si no saben volar, podemos volarnos juntos. Pero eso sí -y en esto soy irreductible- no les perdono, bajo ningún pretexto, que sean predecibles. Si son imaginables ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme! ¿Por qué no intentar dar otro giro? ¿Por qué no tomar otro camino? Es yermo el camino de tierra que llega a tu corazón. O quizás sea lo obvio, mijita. Nada bueno puede salir de lo obvio, de la regularidad de una mala conducta. De lo asqueroso del cliché, del feminismo más arrogante, pedestre y fascista, de una postal de escritora en pelota en las vitrinas de Ripley.

Nada personal con la prostitución, solo reclamo mis derechos de consumidor: Ofrezco mi cuerpo como mercancía al mejor postor, puta, dueña de casa y madre incluida. Llévese el pack completo. ,Por un par de líneas de la más baja calidad de alcohol más amargo que su propia placenta. Mi libertad es mía y la voy a usar, por mí, por mi futuro, por mi hija. Ilusa e inconclusa, resabio de la máquina de prostitución simbólica, la nata de una leche entera y chora, completamente artificial.

Y no se trata de eternidades ni de fidelidades sino simplemente de AUTENTICIDAD (palabra que acaba de terminar de decifrar en-es-te-mis-mí-si-mo-mo-men-to).


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