lunes, 30 de abril de 2018

ME COMPRÉ UN TECLADO NUEVO

Una sola será mi lucha 
Y mi triunfo; 
Encontrar la palabra escondida 
aquella vez de nuestro pacto secreto 
a pocos días de terminar la infancia. 

S.D.V.


Con el tiempo se caen los dientes. Las teclas del piano con que escribo no escatiman gastos y pierden los estribos. Recuerdo el teclado de mi madre, letras forjadas con hierro y grasa en su máquina de escribir. Marcaba resoluciones como se marca al ganado. Escribía punzando las palabras con sus dedos índices. Recuerdo el teclado de un paco en la comisería una vez que me detuvieron. Sus falanges contra mi dignidad: un joven profesional con un yeso en la pierna, recorriendo valpo en estado de ebriedad, rebotando entre las sirenas del puerto.
Luego de comprar mi nuevo teclado, un hombre me quiso asaltar. O bueno, esa fue su manera de saludarme. Me siguió por la calle y cuando advertí que estaba abriendo mi mochila, lo reconocí: Omar Alarcón, alias "Tripa seca", viejo amigo de San Antonio. Me aborda con la intención de contarme una historia, de fumar marihuana en pleno centro de Viña del Mar, mientras vende joyas y aros de fantasía. Las señoras se detienen frente a la mercancía y me sonríen como si supieran que llevo el teclado que pintará sus gestos de monas lisas.
Los últimos dos teclados murieron en la guerra. Uno de ellos no recuerdo si se lo arrojé a alguien o lo culpé por mi falta de memoria. Lo cierto es que feneció pulverizado en un arrebato. El último que tuve -el del notebook- absorbió la cerveza derramada y está en coma etílico hace un par de años.

Vndo un tclado qu l falta una tcla!
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