domingo, 8 de enero de 2012

¿Cómo evitar que se rebalse el wáter?



 
(…) Triste clown, miserable
mezcla de mono y rata, cuyo rabo
peinan en Wall Street con pomada de oro,
no pasarán los días sin que caigas del árbol
y seas el montón de inmundicia evidente
que el transeúnte evita pisar en las esquinas!

Pablo Neruda – Canto General

      Hacia 1948, cuando el gobernar es producir comenzaba a mostrar sus primeros resultados en la sociedad chilena, llega a la presidencia Gabriel González Videla, controvertido y ambiguo presidente de Chile.
         En un chile azotado por una incipiente recesión post guerra, González Videla, luego de múltiples baches y vericuetos gubernamentales, arremete contra su principal plataforma eleccionaria y proscribe al partido comunista de la esfera política de nuestro país; persiguiendo e inhabilitando todo cargo, cercanía y militancia PC con la mentada Ley de Defensa Permanente de la Democracia, más conocida como “Ley maldita”. Inaugurando Pisagua, como una versión criolla de Auschwitz relegando a cerca de 500 chilenos, e incluyendo en su gobierno a sectores de la vereda política opuesta, marca un hito en la historia presidencial y de traición en nuestro país.
         Estos acontecimientos de hace más de 50 años, parecieran ser lugares comunes en el manejo político del actual gobierno y no me refiero sólo a la inclusión de un par de moderados con alma de aliancistas al gabinete del sr. Piñera, sino al famoso proyecto de ley que modifica el artículo 269 del código penal: la llamada “Ley Hinzpeter” o “ley antitomas”. Dicha ley calificaría como delito cualquier “ocupación o invasión ilegal de inmuebles” desde viviendas deshabitadas, a centros comerciales, religiosos y los mismos centros educacionales. Además, se incluiría en la noción de “desordenes públicos”, la interrupción de servicios públicos, el saqueo, las faltas de respeto a la autoridad y todo lo anterior, con la yapa y agravante terrorista de actuar encapuchado.
        Una modificación legal que no es consecuencia de una necesidad de la población, sino producto de la ineficacia administrativa y mal manejo de la fuerza policial; hecho que se ve demostrado al analizar la confusa figura legal que tipificaría de la misma forma; a marchas no autorizadas, a protestas de pacifismo activo en la vía pública, a la toma de las calles ante la nula afluencia de las micros, al saqueo de grandes cadenas de supermercados y a las barricadas conmemorativas en alguna población de Santiago.

         
         En un momento histórico para las organizaciones sociales en Chile, donde creo, se logró resemantizar la protesta popular y que los mismos actores tomaran consciencia de su papel en los cambios históricos, no debiera asombrar que la clase política y sectores amenazados por esta especie de huracán reivindicativo, busquen proscribir la indignación.
        
          Ahora bien, la discusión que me interesa poner en el tapete y que ha pasado casi desapercibida es en relación a las nuevas atribuciones de la policía, entre las cuales está la requisición o retención –sin orden previa de un fiscal- de las imágenes y videos captados por algún medio de comunicación durante alguna protesta o ilícito. Este hecho que es lisa y llanamente un atentado a la malograda y manoseada libertad de prensa, es el que en un futuro separará de manera artificial –en una paráfrasis de la noción de conciencia de clases- a la prensa para el pueblo y la prensa contra el pueblo, hecho que no es del todo perjudicial pero que reducirá la labor del periodista a escoger un lado de la verdad de la noticia, desechando ese caldo de cabeza que era la pretendida objetividad ante los hechos que muchos aún intentaban (y que de todas maneras nunca existió). Un oficio que debiera tener una voluntad más analítica que política, si nos pensamos junto a Alicia en su país de las maravillas, pero que si lo llevamos a nuestra realidad, en algunos casos permitiría reforzar las trincheras con periodistas que estén dispuestos a dar la pelea por la libertad de la información, a la manera de los cronistas de la segunda república en la España del 36´o tal como lo hicieron muchos fotógrafos en la dictadura de Pinochet, que veían en su foco lo más parecido a la punta de una bayoneta.
       Todos los oficios ligados al despliegue de información audiovisual; la labor de fotógrafo convertida hoy en un juego de cuicos; la de camarógrafo basada en filmar destrozos, llantos y culos fotogénicos y la de periodista en terreno, que reside en inventar acontecimientos y “climas ciudadanos” según la línea editorial del canal (hecho que queda demostrado con la prensa internacional), podrían ser cambiados por una labor profesional con una línea más política, confrontacional y verdaderamente independiente, al ya no sólo ver sus intereses económicos en juego, sino también su integridad física y libertades personales.


         Es de esperar que las consecuencias de medidas tan torcidas como estas no tengan frutos ni los resultados esperados, pues claramente es un golpe de autoridad frente a un pueblo que sólo tiene sus pulmones y “el poder del voto” contra un ejército muy bien armado, que siempre ha buscado proteger a los mismos gobiernos, no de los bolivianos sin mar, sino de la ciudadanía consciente que estaría dispuesta a dejar lo que sea por cambiar toda esta wea.
        No es una sorpresa que Piñera tome el papel histórico que le correspondió a González Videla, si Hinzpeter ha querido hacer de comandante Merino.
        
       



         Consejo práctico: la mejor manera de evitar que se rebalse el wáter de tanta mierda, es cambiando la taza del baño y limitando la entrada. Se detendrá por sospecha a cada pedorro y pedorra para evitar futuras indigestiones. Todo el que oiga o huela algún aroma sospechoso deberá prestar declaración.

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