miércoles, 30 de julio de 2014

Alihneándonos con Germán Marín

"De esta manera comenzará a cruzarse una historia mechada de hijos, trabajos, anécdotas hasta que,
de pronto, los rostros irremediablemente  adultos queden observándose en silencio pues ya no hay nada más que decirse y uno de ellos suspire, así es la vida, mi viejo, sí huevón, antes de mandarse a cambiar
cada cual por su lado insistiéndole el uno al otro que sería bueno juntarse alguna vez"
Fuegos Artificiales – Germán Marín

“Espero de la tierra no hacer colas/ ni así hormiguear buscando mi sustento;
quiero en todo ganar el mil por ciento/ y pasármelo todo por las bolas.”
París, situación irregular – Enrique Lihn


            1. Alguna vez, en lo que podría haber sido un gran alunizaje a la biblioteca del bate (¿vate?) porteño Fesal Chain, tuve acceso a un libro fundamental para la poesí(d)a chilena: “Maldita Farándula” de la polemista y ex candidata a la presidencia Pamela Jiles. En él la periodista encendía el ventilador y disparaba mierda a diestra y siniestra en lo que pretendía ser un mapa del famoseo chilensis. Un compendio destacable toda vez que consideramos su crisol de farándula, política y literatura; y sus descalificaciones contra personajes oscuros como Germán Marín, a quien califica de viejo reaccionario, loco o algo parecido. Ante esto dos cosas: hay que ser un hijo de puta para que Pamela Jiles te tenga en su lista negra, y segundo, las influencias de algunos poetas contemporáneos son entrañables.

2. Hace un par de semanas se lanzó la cuarta edición de “Conversaciones con Enrique Lihn” de Pedro Lastre por la Universidad de Valparaíso. Un libro publicado en los ochenta y que se reeditaría con el fin de aumentar la jubilación millonaria de Lastre. El lanzamiento realizado en el aula magma de dicha universidad, por supuesto no estuvo exento de flema y actitudes protocolares que inundan estas ceremonias, con Oscar Hahn como mueble invitado y Cristian Warnken como anfitrión, lo más parecido a un Matías del Río de la literatura. Se repasó la vida del autor, memorias añejas, dudosas y personalistas, pinceladas de su obra y las tareas por hacer para los críticos futuros: analizar su desconocida prosa y exhumar sus restos, para seguir aumentando las arcas de los que alguna vez compartieron el paradero o el asiento en una micro con Enrique Lihn.


Tristeza. Alguna vez tuve libros de Germán Marín: uno lo perdí en ese vórtex inestable que es el “préstame ese libro, después te lo devuelvo” y terminó en manos de unos de los integrantes del grupo viñamarino “Arte Elegante”. Nadie sabe cómo, cuándo, ni el porqué. Yo solo afirmo que en un centro de llamados, todo puede pasar. El otro libro que me queda de Marín, lo robé a un librero comunista de la ciudad de San Antonio, el Loco Román, otrora secretario del PC local el cual me explotaba, no me pagaba en los plazos establecidos y peor aún, no tenía idea de literatura. A pesar de esto, creo haber cobrado mi revancha con la cantidad de libros que me pelé y con esta primera edición de “Fuegos Artificiales” (1973), texto prácticamente desaparecido por el paso del tiempo y por la acción de la dictadura.


4. Cuenta Warnken: “Hacia 1974 visité junto a mi tío Enrique Lihn las costas de una casa familiar en Isla Negra. Yo era un niño pequeño y tengo un recuerdo de mi tío escribiendo a la orilla del mar. El sol nos abrasaba desde lo alto y la brisa marina (Nota del transcriptor: puta el weón decimonónico) nos impelía con ansias de comernos el mundo. Fue en ese momento cuando me acerqué a mi tío y sin mediar aviso, le pregunté: ¿qué estás escribiendo? Ante lo cual mi tío, con una leve sonrisa, retrucó: Estoy escribiendo SONETOS”

Quintanilla. Al igual que en las pasadas ediciones, el premio nacional de literatura se ve cuestionado. A la pasada elección de Miss Novela el 2010 y el reciente premio del mueble Hahn durante el 2012, que pasó casi desapercibido, este año la discusión es la misma: Lobby político y actitud literaria. ¿Vale la pena discutir los méritos literarios? ¿De qué sirve que lo gane Lemebel si solo servirá para adscribirlo a la historia oficial de las letras chilenas? ¿En qué aporta el peso simbólico de la trilogía “Historia de una absolución familiar” de Germán Marín si los jurados no leen? ¿Y Jorge Guzmán no debería hacer sido premiado ya? ¿Qué ondi microondi? A esta altura solo quedan las soluciones patafísicas Parrianas: confórmense con el Premio Nobel de lectura.

666. En la presentación del libro de Lastre estuvo Gonzalo Contreras. Es hora que inauguren una estatua en reconocimiento a este mártir literario de los 90´, el que incluso sigue enfrentando a la crítica literaria en la actualidad calificándola de uniforme y abajista. Esa crítica que en su opinión hoy celebra las limitaciones procedimentales revistiéndolas de elisión o una supuesta originalidad. ¡DURIIIIIIIÍSIMO!

7. Germán Marín fue alumno de Borges en la UBO. Fue uno de los fundadores de la Quimantú, editó “El circo en llamas” de Enrique Lihn, fue subordinado del general Pinochet y expulsado por curao de las huestes castrenses. Acompañó a Teillier cuando se debía batir a duelo con Lihn. Se enfrentó a “los niños codiciosos de las letras chilenas” de los 90’, nunca le compró a   Lafourcade, a Délano y le dio cara a Rosasco, en un gesto que de por sí merece un aplauso. Su literatura es un ripio escritural, pedregosa, extensa pero actual. Asume riesgos ficcionales y los concilia a través de datos reales, escribe solo cuando hay material y no por gusto. Siente debilidad por los pies de página, loa al lumpen y lumperiza la labor escritural. Maestro silencioso de muchos de nuestros maestros, solo nos queda seguir leyéndolo porque por aquí el conejito de los premios de oro ya no pasó.

(Ch)ocho. En la nueva edición de “Conversaciones con Enrique Lihn” se adjunta una fotografía inédita de Enrique Lihn junto Augusto Monterroso, Julio Ramón Ribeyro, Bryce Echeñique y Juan Rulfo, entre otros próceres. ¿Existe otro mejor gancho publicitario que una selección literaria de buenos muertos?

9. “Dejar de escribir es fácil, basta meterse la mano al bolsillo” (Germán Marín en Artes y Letras de El Mercurio, 10 de Agosto de 2003)

Diezmo. Y ad portas del premio nacional de literatura, recordemos la “Paradoja geométrica del ambiente literario” del fallecido poeta, barrista y miembro del fans club de Shakira, Yeko Aguilera: “todos esos círculos culiaos/ están formados/ por puros culiaos cuadrados.”

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