miércoles, 23 de octubre de 2013

Ejercicio de Literagogía


                   
“Tener y profesar ideales puede ser un absurdo; los ideales no son hechos naturales, ni se revelan hoy a los hombres por medios sobrenaturales. En la naturaleza puede descubrirse un ideal de belleza; pero la naturaleza es una limitación que ha conducido muchas veces en la historia del arte al academismo, a la decadencia y a una necesaria rebelión. El espíritu puede captar ideales más allá del orden natural, y para expresarlos necesitamos símbolos que no se encuentran hechos en la naturaleza, que requieren el esfuerzo de la creación original,
la “energía formativa” de que acostumbraban hablar Goethe y Schiller.”
Herbert Read – Ensayos sobre Política


            Las problemáticas que suelen surgir desde los estudiantes de pedagogía en una universidad  estatal, tan permeados como validados por ella, sobre la concordancia de lo aprendido con lo enseñado, o yendo más lejos, sobre lo curricularmente aceptado con lo que se considera parte de un curriculum oculto, los lleva de manera natural a un binomio irreductible, o bien, cuando el pesimismo no es tal, a un ejercicio parasitario dentro de la estructura jerárquica, aceptando normativas y reglamentaciones muchas veces absurdas pero que sustentan y certifican esta deuda-oficio.
            Para responder a estas disyuntivas de pertinencias y a otras que puedan surgir al respecto, quisiera plantear 2 preguntas: 1) ¿Es compatible un plan riguroso de lectura crítica en las escuelas actuales? y 2) ¿Se puede incentivar el librepensamiento, el pensamiento divergente dentro de una institución que se plantea como reproductora y sostén del status quo?

            Frente a la primera incógnita, me remito a un rayado callejero de antigua data, ubicado en calle Colón, a la altura de calle Rancagua “mientras más lees, más burgués te crees”. Esta máxima que pareciera apuntar a un Nihilismo infanto-fascista, caracterizando a la lectura como síntoma del estancamiento social, de la comodidad con que viven algunos sujetos sumidos en una supuesta lectura de una agenda supuestamente cultural, no hace más que cuestionar aquel fenómeno que entendemos como “Literatura”, o de manera más amplia, lo que comprendemos por “Lectura de la realidad”.
Paulo Freire, en una enigmático discurso titulado “La importancia del acto de leer”, expone y propone estrategias para entender este fenómeno de manera más transversal. Afirma, en primera instancia, que la lectura de la realidad es un precedente necesario para la lectura de la palabra, leyendo e interpretando textos en la observación de:
 “la danza de las copas de los árboles sopladas por fuertes vientos que anuncian tempestades, truenos y relámpagos [o]; las aguas de la lluvia jugando a la geografía, inventando lagos, islas, ríos [y] arroyos”.
De ahí que lo que se juzga como objeto artístico literario, pase a ser considerado hoy como artefacto (2), un elemento dotado de voluntad simbólica y contexto, que muchas veces apunta a la colisión de valores y que sólo puede ser aprehendido en el marco de una performance o instalación literaria, con esa única y -discutible- cualidad que Derrida llama Iterabilidad, es decir, la capacidad de repetir estructuras que sean alternas.
Mi experiencia en el mundo docente, dice que la literatura es una herramienta necesaria para la enseñanza del estudiante, un catalizador de la consciencia del ser humano, ya sea por introducir nuevos imaginarios, por la sobrevivencia de la memoria, por la reinterpretación de interpretaciones impuestas o por la mera identificación del lector con la realidad reflejada. Recuerdo a mis estudiantes de segundo medio debatiendo sobre los rasgos que hacían de El Lazarillo de Tormes, una descripción fiel de lo que conocemos hoy en día como el Lanza o Flaite Chileno, aquella moda del choreo que la prestigiosa revista italiana del Grupo Benetton destaca como una de las 76 tendencias más influyentes del mundo.
En ese mismo sentido, en el universo de la interpretación, es que la lectura de textos ya clásicos como El Socio de Jenaro Prieto, Lautaro, joven Libertador de Arauco de Fernando Alegría o La ciudad está triste de Ramón Díaz Eterovic, me permitieron contextualizar tópicos e imágenes prácticamente vedadas para la educación formal, toda vez que los jueces de la literatura, epónimos de la academia patológica o de la Unidad Técnica Mecagógica, enmarcan los acontecimientos en el “folclor” de la ficción.
En el caso de Jenaro Prieto, su texto de prosa impoluta, realiza una crítica a la explotación y especulación económica de la clase empresarial, correspondencia directa de lo que conocemos hoy como casos Rigs, Bancos de Talca, prestaciones de servicios no realizados o simples montajes. Publicado en 1928, da cuenta de un contexto histórico constatable donde su protagonista, Julián Pardo, termina suicidándose debido a una disociación de personalidad y enajenación mental, acto que realizan incluso hoy en día, algunos presidarios de las cárceles más lujosas de Chile. Lo anterior, concomitancia cruda pero señal clara del fetichismo mercantil en el que vivimos.
En Lautaro de Fernando Alegría, además de hacer una recapitulación profunda y metódica de los hechos acaecidos durante la Guerra de Arauco, introduce temas tan en boga como son el problema del estado chileno con la nación mapuche, las conspiraciones políticas, en este caso la Logia Lautarina y la cuestión indígena desde todas sus aristas. Lectura totalmente práctica, repleta de una épica y grandilocuencia oculta hoy en los medios bajo consignas terroristas y de obstinación ciega.
Finalmente, en el caso del respetable detective Heredia, “el jugoso”, “el putero” del detective Heredia (cito a uno de mis alumnos), se introduce un género ideal para llamar a la curiosidad, en este caso La ciudad está triste y el juego del enigma policial: el mejor medio para estimular la imaginación e imaginario de los estudiantes, aquel acto que Freire denomina “creación y recreación de ideas”, y no solo el consumo de estas. Particularmente en este libro, sucedió que la madre de uno de los alumnos hizo sentir su molestia frente a UTP, debido a  una escena de sexo oral que se relata casi en la mitad del texto. Una escena sutil y de no más de media plana: Heredia, luego de recibir una golpiza debido al secuestro que investiga, es recogido en la calle por la bailarina de topples a la que frecuenta y ella, luego de sanar sus heridas realiza una felación de manera delicada, mezclando el deseo con la dolencia de una existencia recientemente aporreada. Para el profesor, sexo oral bien cuidado y narrativamente justificado. Para la madre del joven, falta de filtro escandaloso dentro de un colegio de oración mañanera. Habría sido vano alegar que una escena como la descrita, parece un juego de niños comparado con la música, programas de televisión, páginas de internet y métodos de cortejo de un escolar promedio. Hubiese sido soberbio apelar al desconocimiento literario de obras con rasgos, probablemente, igual de censurables: los burgueses de Mala onda consumiendo drogas (2), Ana Frank  y su despertar sexual a corta edad,  Sherlock Holmes y su cocaína al 7% (3), Horacio Quiroga y su prosa gore, Francisca yo te amo y su agresión directa contra el intelecto juvenil… Argumentos más, argumentos menos: Panadera a tus pasteles y libertad a los presos por leer.




Ahora bien, intentando saldar la segunda pregunta quisiera rescatar un libro perdido en el tiempo titulado “Papagayo de papel y Operación Coipo” de la ex militante comunista Patricia Roi Jonás, exiliada en Suecia hacia 1977, quien publica sus memorias en 1994. En dicho tratado de su vida, en la que relata desde su perspectiva la serie de acontecimientos que vivió desde el golpe de estado, adjunta notas sobre temas de interés propio, a saber: resúmenes sobre filosofía materialista, la biografía de Lenin, nociones de derecho básico como la justica, el deber, el delito; tácticas militares, su ingreso al FPMR, relatos de la segunda guerra mundial, comentarios acerca de la guerra fría, entre algunos recortes literarios. ¿Con qué objetivo? La autora aclara:
“Este relato es un trabajo de cárcel, escrito y reescrito. Este trabajo, bueno o malo, coherente o incoherente, ES MI MEMORIA. Es una memoria práctica para un constructor de partido.”
  Desde este texto, necesidad vital de la memoria, se extrae un fragmento que nos permite reflexionar sobre el segundo punto: el incentivo del pensamiento divergente dentro de una institución, depende directamente de lo que dicte la infraestructura y sus relaciones de producción, un aforismo que Carlos Marx resolvería hace muchos años (4), pero que sirve de etiqueta para el siguiente caso:

“CUESTIONARIO: AFIRMACIONES E INTERROGANTES (TEXTO QUE UTILIZAN LOS ESTUDIANTES LUXEMBUERGUESES EN SUS CENTROS DE ESTUDIOS SECUNDARIOS EN 1990)”:  
1.- ¿De dónde vienen nuestras ideas: de nuestro espíritu o de la experiencia?
2.- ¿Nos permite la sensación pasar de lo particular a lo universal? (Aristóteles)
3.- ¿Es la práctica criterio de la verdad y la realidad?
4.- ¿Están nuestros pensamientos completamente en nuestro poder? (Descartes)
5.- ¿Qué es la consciencia individual?
6.- ¿Qué es la consciencia colectiva?
7.- ¿Qué es el inconsciente?
8.- ¿La palabra es un símbolo o un signo?
9.- ¿Dicen las palabras la esencia de las cosas?
10. -¿Hay dos verdades primeras inseparables: yo pienso y diversas cosas son pensadas por mí? (Leibnitz)
11. -¿Es el pensamiento propiedad de la materia?
12. -¿El lenguaje es expresión del pensamiento antes que medio?
13. -¿Podemos pensar sin palabras?
14. -¿Cómo se explica la libertad?
15.- ¿Por qué se trabaja?
16.- ¿La moral supone sujetos libres que pueden darse a sí mismos ley?
17.- ¿Renunciar a la libertad es renunciar a la calidad de seres humanos?
18.- ¿En la medida que hay clases antagónicas, hay estado? (Lenin)
19.- ¿Qué es el estado?”

Estas disyuntivas, 65 sentencias en total, fueron recurrentes a lo largo de la educación secundaria del Luxemburgo de 1990 y no tenían otro objetivo que el de promover la duda y reflexión en los estudiantes que entraban a  la educación media, como si la consciencia del ser humano o el pensamiento paralelo fuesen requisito para su formación como entes sociales.
Así no debería extrañar que en nuestro País, la SIMCEridad del SIMCE importe más que la del estudiante, que la PSU intente determinar la inteligencia y capacidad de abstracción a través de porcentajes o que los padres conciban la educación como jardín infantil, como laboratorio de robotización en serie. Es finalmente, la comprensión del mundo y sus distintos estímulos, los que traen como consecuencia una buena adquisición de la historia de las ideas y de la experiencia lectora, en un contexto educacional planteado como zona temporalmente autónoma, con el ciberespacio como embajada, permutando ficción por virtualidad, sorteando la censura, con el copyleft como regla de oro y la  muerte del autor en andas
En fin, aceptando el advenimiento del hipertexto dentro de un contexto pedagógico autosustentado y alfabetizado contra las imposiciones del exterior, para evitar así, sucumbir ante los nuevos administradores de este local de comida rápida, de este centro de formación tétrica, de este burdel de las ocurrencias pringadas que es el estado.
Educad a los niños para no castigar a los hombres, dijo Aristóteles. Tal vez haya que educar a los padres para no seguir castigando a los profes.



REFERENCIAS

(1)       Todo artefacto por definición nace como consecuencia de una necesidad social y cultural. De ahí que todo aparato y objeto sean artefactos, pero no todo artefacto sea objeto o aparato. La inclusión de artes aplicadas, el comic, la performance, el arte conceptual y las instalaciones artísticas sustentan.
Gerard Genette, en su libro titulado “La obra de arte, inmanencia y trascendencia” (1981) señala que un elemento constitutivo básico del arte es su función estética, argumento que va en la misma línea de Kant. Sin embargo, Jean Marie Schaeffer a pesar de compartir el argumento de Genette, afirma que esa función estética puede estar presente como desaparecer, por lo que él reconoce como cualidad propia la causalidad intencional de estética. En cuanto al placer de lo estético, otro teórico que fundamenta la extensión del espectro es Herbert Read quien ha extendido el significado de la palabra ‘háptica’. de manera que hacen alusión, por exclusión, a todo el conjunto de sensaciones no visuales y no auditivas que experimenta un individuo. La interacción háptica incluye variables mecánicas, como fuerzas, momentos, dureza, etcétera,  provienentes de las características físicas de aquello que se toca, pero también de la persona que toca o que percibe.

(2)      Matías Vicuña,  protagonista y narrador de la novela, es un adolescente santiaguino de 17 años de edad que se sumerge en las drogas (marihuana, cocaína, Valium) y el alcohol por hastío.

(3)       “Durante muchos meses yo había presenciado esta operación tres veces al día, pero la costumbre no había conseguido que mi mente la aceptara”. El que habla es Watson, que pregunta: “¿Qué ha sido hoy? ¿Morfina o cocaína?”. Y Holmes: “Es cocaína, una solución al 7%. ¿Quiere probarla?”. Watson rehúye. (En “El signo de los cuatro”, segunda novela de Conan Doyle)

(4)       La contradicción que Marx marca se origina cuando el trabajo es propiedad de la clase proletaria y los medios son propiedad de la clase capitalista; por lo que el trabajo humano se convierte en una mercancía más, que cae dentro de las leyes del mercado. La relación entre el propietario de los medios de producción y el trabajador está en la base del entramado social, y permanece oculta. Es la infraestructura.
La superestructura es el montaje jurídico-ideológico-religioso para justificar una determinada estructura económica. La superestructura tiende a perpetuar la estructura, pero las relaciones de producción, que se dan a nivel de infraestructura, cambian, y este cambio obliga a cambiar también la superestructura, que debe buscar otros criterios de justificación distintos. (En el prólogo de “Contribución a la crítica de la economía política”, 1859).






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