miércoles, 20 de noviembre de 2013

Yo también fui al fronTierra


“La calor la cagó y ya me dio insolación,
una cerveza me repondría y me dejaría mucho mejor”
Ser Humano N°2 - TDG


Dentro de una espesa nube de polvo, entre juegos mecánicos y comida ABC1, se edificaron 3 estructuras monumentales: la primera destacaba por su mala ubicación, la segunda por su pésimo sonido y la tercera por su lejanía. Sin embargo, distribución, parrilla y ubicación suelen ser un dato anecdótico en este tipo de eventos high, donde la música y el vacile son lo más parecido a un concierto de música docta, escuchada por sujetos legos en la materia pero con ansias de hablar sobre dodecafonía con Stravisnky.
Asquerosa cultura Lollapaloozesca, de música con mano en bolsillo, de filas enormes en locales exclusivos de comida, de baños armoniosos con fecas armoniosas, con un pulule de rubias despampanantes y grandes mocetones nacidos en gimnasios-laboratorio, vagando a la manera de un patrón de fundo. Por lo menos hubo fuerza 8, por lo menos Salvaje Decibel y Álvaro España tuvieron un cameo en este festival de las apariencias y la sinmemoria.


¿Cómo asesinar a Felipes? No hace falta pensarlo porque se suicidan, porque se pisan la cola, porque se les notan las costuras y queda claro el porqué de su éxito y el respaldo de la crítica. Música inofensiva, considerando su crisol de Jazz y Hip-Hop, aunque con experimentos interesantes  como Comenzará de nuevo  del 2012. Música de Ghetto secuestrada con una sonrisa de oreja a oreja, en una sentencia que alguna vez Luca Prodan usó para Spinetta: rebuscados, con letras que matan pero nadie entiende. 
¿Y Tiro de Gracia en la casa? La cocaína, la comida y el Colon irritable son el karma de la música de los 90´. Regreso y despedida. Retorno de misericordia. Lo único valorable, en mi opinión de remitente, fue Lenwadura, un maestro de ceremonia a la antigua, sobreviviente de una época gloriosa institucionalizada por EMI y gestionada por Carlos Cabezas y su alter ego. Ojalá alguna pensión de gracia pueda respaldar a Lenwadura y su flacura, digna de músico del tercer mundo, sea solo consecuencia de su diabetes.
Punto aparte, los errores con los show´s, el sonido y el atraso. Punto aparte los vendedores de alcohol clandestino, piratas de poca monta que en algún momento vendieron sus últimas latas de cerveza a 3 lucas.
Jorge González, pasó de Padre a Madrina. Con una actuación simple, consecuencia –según aclaró- de no haber podido probar sonido, soltó éxitos para los que fueron lolos con ese filenismo estético, vacío, que nos tiene acostumbrados y que lo liga a la nueva música $hilena, en una postal que va más o menos así: el argentino Yáñez a su derecha, Gepe pintándose las uñas a la izquierda y el no despreciable PedroPiedra tirando tarros en su espalda. Craso error pues, creo, Jorge González debería seguir respondiendo a la línea músico-estética de Joe Strummer y no a la de esa mijita rica colorienta que es Morrisey.
Los tetas probablemente fueron lo mejor del día. Acotados, pertinentes, respetuosos con el tiempo de los otros artistas, musicalmente parlanchines. Luego vino la maquinaria Trujillana y la clásica, aunque con Álvaro España como pirinola.
A esas horas ya se necesitaba agua y asientos, pero a diferencia de otras tocatas menos concurridas, por estática, por estar clavado al suelo comiendo merengue con la canícula hardcore en el cielo. Faltaron sus wachas a la deriva, heterocuriosidad, homoseguridad, parejas accidentales, curaos jugosos, oscuridad de sucucho, excesos creadores y algún desconcierto en este concierto de voces univocas, en este sitio de suspensión de lo carnavalesco.
Rato después salió Molotov a escena y quedó la patá. Minas en pelota sobre la tarima, muchachos prendiéndole fuego a los locales de comida rápida y parejas teniendo sexo con Rastamandita, es lo que les hubiesen querido encontrar pero no fue así. Mirar por mirar. Cabecear por cabecear. Putear por putear porque puto el que no brinque el que no salte. Un buen grupo, afinado pero con una puesta en escena demasiado idiosincrática, una secuela musical del chavo del ocho, a mi parecer. A Cultura Profética no lo conocía y no me gustó, aunque su filiación con Portavoz y acompañantes fue interesante, toda vez que rompió con las expectativas de los espectadores de ópera.
Finalmente Los Fabulosos Cadillacs y su llegaba en 4 autos lujosos, cerraron un extraño y extenuante día. Con Vicentico en una rara performance, provocadora pero poco espontánea, interpretaron canciones para fanáticos especialmente del Surfer Calavera, una rareza en su línea musical pero por el cual recibieron un Grammy. Se pudo observar a Flavio sin skate versión hardcore, lo más parecido a Dee Dee Ramone con sobrepeso; a Vicentico percusionando con más ganas que coordinación y a Sergio Rotman tomando el protagonismo con el saxo.



Se sabe: en gustos no hay nada escrito. Sin embargo, la consideración de la calidad del producto en cuestión (26 lucas costaba la cochiná), o yendo más allá, la crítica legítima al diseño del espacio arroja malos resultados evidentes. Vaya a saber uno lo que podrían haber dicho los expertos: imagínense a un paisajista, imagínense a un arquitecto, imagínense a un buen organizador de eventos. Un festival fallido, poco festivo, tan improvisado como sus antecesores (El Maquinaria, por ejemplo), defectuoso sobre todo por su pretensión: ganar dinero con la gran cantidad de gente –algo totalmente legítimo en el contexto de la oferta y la demanda- pero sin prever la calidad del show en sus mínimos detalles, rasgo que repercutió además en el impacto ambiental, faltando al precepto neurálgico que se viene haciendo costumbre y ojalá no logre instalarse, como lo es esta filosofía media progre de eventos al aire libre, lo más parecido a la ley de violencia en los estadio. 

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