lunes, 21 de septiembre de 2015

EPOPEYA DE LAS COMIDAS Y BEBIDAS DE SEPTIEMBRE

 Entre los restos desafortunados de la chilenidad y golpes duros, entre peleas callejeras y quiebres del estado de derecho, una luz en el horizonte: un suicidio ejemplar, un monumento al desconcierto y a la decepción.
Monje, fakir y guerrero, un duelista de extirpe. Bonvallet siempre quiso dirigir la selección nacional pero terminó revolucionando el comentario deportivo. Quiso ser campeón del mundo pero terminó como emblema nacional un 18 de septiembre. Venció al cáncer pero sucumbió ante una profunda depresión. Me gustaría pensar a Bonvallet desde la galería, lanzando fuegos artificiales en la pantalla chica, reduciendo el mundo a una pizarra, acuñando frases para la posteridad. Uno de los mejores monologuistas de la televisión chilena, sin duda. Eso era. Su vida personal, no me interesa en lo más mínimo. Lo mismo sucede con el judío de Sábados Gigantes, quien a pesar de todos sus peros no puede ser ignorado sobre el escenario.




Entonces, la síntesis del día del comunicador radial sería: el suicidio de Bonvallet y el final de Sábados gigantes. Más hitos para septiembre, como trofeos, como medallas de vino tinto. Y mientras tanto la bandera chilena como mordaza, y mientras tanto la chicha fresca hecha con el sudor de los trabajadores de esta manoseada patria. Pútridas las fiestas que le quitan la presión al ambiente, pérfido el enaltecimiento de los milicos cuadrándose con el olvido. Amnistía internacional fija el número de víctimas de la dictadura entre 5.000 y 30.000. Podrían ser ciudades enteras asesinadas, comunidades pequeñas torturadas y padres y madres y hermanos e hijos desaparecidos. Y seguimos rumiando los derechos humanos, y obviamos los derechos del delincuente y nos erizamos con el aborto, cuando ella no quiere vomitar un crío por la vagina. Las alamedas cruzadas por el hombre libre, libremercadista. Los pacos exhibiendo el guanaco en las fondas, como actividad recreativa. Terremoto en el norte y réplicas en fondas sin fondo, refundando Chile entre realidad y ficción, entre recuerdos alcoholizados de un fin de semana confuso: una porteña que me alega, se embriaga y beso en los albores de una fiesta rancia, la inauguración de una pub llolleíno y un recambio generacional, supermercados aprisionando a clientes en la zona de catástrofe y un dipsómano adinerado que me mosquea y cae al suelo reducido por jugoso, por justicia, por el gusto de golpear a un patriota en septiembre.
Hoy comienza la primavera y la tasa de suicidios aumenta. Ojalá que muchos comunicadores sigan el ejemplo de Bonvallet. En los medios, claro está.


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